Es una tarde
cotidiana en un día cotidiano, una hora normal para una semana normal. Parados
en el transporte repleto de misterio y sucio de nostalgia contemplan su
horizonte, ese que han enfrentado durante años o que enfrentaran, trastornados
por el pasar del tiempo.
Lúgubre para
algunos, normal para el resto pero más que mal la rutina misma sustancialmente
vacía. En ella se refleja el mundo que nos rodea, protegido por el mínimo gesto
de intimidad que logra entregarnos esta situación, rodeado de impurezas logran
llevarse al bolsillo lo bueno del día y intentan arrojar por una ventana lo
malo.
Esa ventana semitransparente
que acoraza nuestra paz del mundo, que intenta mantener a salvo nuestro espíritu
del déspota desden que a ratos posa sus garras en nuestro corazón.
Todo esto se ve
iluminado de vez en cuando por un par de ojos, que buscan un calido júbilo de
benevolencia entre los tuyos, ambicioso siempre intentaras discrepar si darles
lo que buscan o negarles de la manera más cruel su humilde petición. ¿Lograran
alguna vez esas puertas a tu interior conectarse y pactar entre ellos el amor? Podríamos
intentarlo…